Senderos de gloria. Aparece Kirk Douglas en pantalla (las manos en
la jofaina, el agua tratando de lavar la angustia que trasciende el rostro, el
cuerpo encerrado en un recodo invivible de la trinchera) y Kubrik ya tiene,
cincelado de presencia y aplomo, en un solo plano, el personaje mítico que
terminará de redondear, tres años más tarde, en la épica Espartaco. Douglas encarna al héroe íntegro, casi homérico, al
humano infrecuente que hace, a través de la equidad, del honor su más alto
ideal y único objetivo personal.
Madama Butterfly. Mirella Freni no desespera. Viste con dignidad
inquebrantable su ajado kimono, y deambula, aunque todavía se niega a
admitirlo, por las ruinas de su mundo y su deseo. Su alto sentido de la
justicia, su confianza en la fidelidad, en la entraña más noble del ser humano,
la ha arrinconado en lo alto de la nada. Pero ella espera, espera, espera. Un
hermoso día llegará su recompensa, y lo canta a los cuatro vientos, lo canta a
aquellos que aún no la han abandonado.
Freni y Douglas nos dejaron en
los primeros días de febrero: dos titanes de la actuación cuya labor hablaba de
nosotros en la clave más profunda.
Inolvidables.
(LVEM)
Comentarios
Publicar un comentario