La sincera impudicia de los diarios está, sin duda, sobrevalorada. El autor, de hecho, no suele querer exhibir otra cosa que no sea agudeza o, a lo sumo, pretensión de empatía. Lo demás, al cajón: para más tarde, para los quiméricos exégetas que imagina en sus delirios de grandeza.
Y lo digo por experiencia, no se crean.
Comentarios
Publicar un comentario