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Me gusta que me cuenten historias. Que me cuenten historias simples, extrañísimas, redondas, poliédricas, circulares e inconclusas. Me gusta el tono que adquiere la voz ajena al contar una historia. Me gusta el tono que adquiere mi oído al escuchar una historia. Me gusta que una historia se me olvide. Me gusta no poder olvidar una historia. Me gustan la parafernalia y el susurro, me gustan las manos que dibujan y escriben, que envuelven y desenvuelven. Me gusta imaginar los cuerpos dentro de la historia: su peso, su dinámica, su gesto y su silencio, el roce de sus pies con el piso, el vuelo de sus brazos en la brisa, en la ceniza y en la sábana. Me gustan la claridad y la interferencia, la primera y la última página, la primera y la última sílaba, el extraño intervalo en el que solo se presenta como posible la ficción.


LVEM, 13 de enero de 2019 

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