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No sé qué opinarán ustedes, pero creo que, más allá de cualquier otra consideración cinematográfica, política o social, Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenabar, demuestra que el cine español haría bien en nutrirse de las biografías de nuestros escritores fundamentales. Y no me refiero a la mera acumulación de biopics complacientes (algo a lo que ni siquiera hemos aspirado en décadas), sino a largometrajes que exploraran el quehacer artístico y las tensiones, contradicciones y convicciones vitales de los autores que han marcado las letras peninsulares en estos dos últimos siglos: no hace falta, ni siquiera, remontarse más allá, no es necesario acudir a los recursos de la cinematografía de época para conseguir propiciar el debate y reanimar el interés de los lectores (y, sobre todo, de los no lectores) por su obra y su legado intelectual.

¿Quieren que repasemos una lista, elaborada solo a vuelapluma? Allá vamos: ¿qué reflejaría mejor el siglo XIX que un buen ramillete de películas centradas en Rosalía, Carolina Coronado, Espronceda, Bécquer, Clarín o Emilia Pardo Bazán? ¿Y que me dicen de las interesantísimas existencias de Galdós, Valle, los Machado, Baroja y Azorín? ¿O de Juan Ramón y Zenobia? ¿Y si tuviéramos un Lorca de celuloide no protagonizado, con todos mis respetos, Andy García? ¿No resultaría apasionante sentarse en la butaca sabiendo que el metraje va a estar protagonizado por Miguel Hernández o Rafael Alberti, por Gloria Fuertes o Concha Méndez o María Teresa León? En muchas ocasiones, las ficciones nos explican mejor que la historiografía, con mucha más hondura de intimidad y lucidez, ¿por qué no darle una oportunidad de gran pantalla, o incluso de serie, a todas estos relatos que nos explican y constituyen?



(LVEM)

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