Ir al contenido principal

De gustibus non disputandum, decían los romanos, así que lo que menos me importa de Parásitos es el debate mundial que se ha creado sobre su calidad y sobre el merecimiento de sus premios; poco me importan, del mismo modo, las comparaciones con otras películas no estadounidenses de los últimos años (o de este mismo año) que, en cuanto a méritos artísticos, bien pudieron arrasar también en todos los certámenes internacionales y, muy especialmente, en los Oscars.

Lo que me parece relevante y, sin lugar a dudas, digno de mención, es su feroz y lucidísimo retrato de los usos y costumbres occidentales (sí, sí: Occidente, desde la globalización, puede ubicarse en cualquier punto del planeta). El mensaje del filme es, si realizamos una mínima autocrítica, demoledor: para mantener nuestro estatus, en las sociedades actuales seguimos necesitando degradar a una parte más que significativa de la población cuya presencia a nuestro alrededor, por añadidura, nos resulta, cuanto menos, incómoda. ¿De verdad, y no hace falta recurrir a ninguna utopía, no se pueden explorar a estas alturas otros modelos de crecimiento y convivencia? Los acontecimientos se precipitan y, convendrán ustedes conmigo, no estamos a la altura como especie. La solidaridad constituye nuestra última posibilidad de redención.



(LVEM)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Senderos de gloria . Aparece Kirk Douglas en pantalla (las manos en la jofaina, el agua tratando de lavar la angustia que trasciende el rostro, el cuerpo encerrado en un recodo invivible de la trinchera) y Kubrik ya tiene, cincelado de presencia y aplomo, en un solo plano, el personaje mítico que terminará de redondear, tres años más tarde, en la épica Espartaco. Douglas encarna al héroe íntegro, casi homérico, al humano infrecuente que hace, a través de la equidad, del honor su más alto ideal y único objetivo personal. Madama Butterfly . Mirella Freni no desespera. Viste con dignidad inquebrantable su ajado kimono, y deambula, aunque todavía se niega a admitirlo, por las ruinas de su mundo y su deseo. Su alto sentido de la justicia, su confianza en la fidelidad, en la entraña más noble del ser humano, la ha arrinconado en lo alto de la nada. Pero ella espera, espera, espera. Un hermoso día llegará su recompensa, y lo canta a los cuatro vientos, lo canta a aquellos que aún no la ...
Desde hace casi diez años no tengo televisor en casa y, sin embargo, desde que recuerdo (tal vez desde hace unos treinta años), lo primero que hago al despertarme y lo último que hago al irme a la cama es accionar la rueda de volumen de mi transistor a pilas. Tanto es así, que en muchos casos he tenido que cambiar de aparato por el mero desgaste de sus muescas. La ondas, como he recordado intensamente desde el jueves pasado, en el que se celebró el día mundial de la radio, me acompañan a todas horas. Y lo hacen en un diálogo constante en el que caben la aprobación, la postura encontrada, el debate y el más simple y puro entretenimiento. Rebusco en mi pasado y me vienen a la memoria mis primeras películas recomendadas por Teófilo el Necrófilo, los magacines culturales, los programas de misterio y charla de la madrugada, los acertijos de las emisiones que bordeaban el amanecer...  Y más tarde, la generosa invitación de mis amigos de SER Henares a participar, de una manera u...