Ir al contenido principal

Reinvención de un arte olvidado: la triple profundidad de los poemas de Maeve Ratón



Con el tiempo he llegado al convencimiento de que la poesía que merece la pena se basa en tres coordenadas de apariencia sencilla: mirada única, dicción relevante y, sobre todo, por encima de todas las cosas, honestidad sin cortapisas.

Ahora que nadie observa nada, ahora que repugnan la clarividencia y sus incómodas admoniciones, ahora que toda experiencia privada (tan banal o más que las de antaño) se intermedia y expone a los cuatro vientos, ahora que la sabiduría se nos vende, edulcorada y boba, en tazas y camisetas, debe imponerse, más que nunca, la necesidad de alzar voces poéticas que trasciendan la anécdota somera. ¿De qué puede servir añadirle sucedáneo al sucedáneo, de qué calificar de poema lo que no pasa de ser una facecia reciclada y reciclable? Poco a poco hemos ceñido nuestras neuronas a un puñadito de caracteres, a la droguita dulce de los zumbidos, las notificaciones, los destellos y las campanitas pavlovianas; pero hay quien, como Maeve Ratón, mira y dice más allá: suya es todavía la dignidad de lo dicho para cambiar el ojo, el cerebro y las entrañas del que lee.

La poesía ha de ser una postura verbal (más todavía que vital) que pinte de lucidez el mundo gris, profundamente átono y desleído, que tanto con empeño estamos obcecados en entregarnos los unos a los otros. Hemos confundido los engaños de la autocomplaciencia con la felicidad, y el resultado, devastador, también ha llegado a afectar a la experiencia misma de la creación literaria. Y, sin embargo, la realidad es terca e incontrovertible: estamos hechos para el olvido, y solo la voz, cuando abre horizontes y rescata memoria (verdadera sangre, piel y carne de memoria), nos redime.

Para acceder a la Academia había que demostrar conocimientos de Geometría: nadie entre en Lo que ocupan los muertos (o en cualquier libro de Maeve, publicado o venidero) si no está dispuesto a desgastarse las suelas por el solitario sendero de la palabra.

Así, hasta la luz y la tierra.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Senderos de gloria . Aparece Kirk Douglas en pantalla (las manos en la jofaina, el agua tratando de lavar la angustia que trasciende el rostro, el cuerpo encerrado en un recodo invivible de la trinchera) y Kubrik ya tiene, cincelado de presencia y aplomo, en un solo plano, el personaje mítico que terminará de redondear, tres años más tarde, en la épica Espartaco. Douglas encarna al héroe íntegro, casi homérico, al humano infrecuente que hace, a través de la equidad, del honor su más alto ideal y único objetivo personal. Madama Butterfly . Mirella Freni no desespera. Viste con dignidad inquebrantable su ajado kimono, y deambula, aunque todavía se niega a admitirlo, por las ruinas de su mundo y su deseo. Su alto sentido de la justicia, su confianza en la fidelidad, en la entraña más noble del ser humano, la ha arrinconado en lo alto de la nada. Pero ella espera, espera, espera. Un hermoso día llegará su recompensa, y lo canta a los cuatro vientos, lo canta a aquellos que aún no la ...
Desde hace casi diez años no tengo televisor en casa y, sin embargo, desde que recuerdo (tal vez desde hace unos treinta años), lo primero que hago al despertarme y lo último que hago al irme a la cama es accionar la rueda de volumen de mi transistor a pilas. Tanto es así, que en muchos casos he tenido que cambiar de aparato por el mero desgaste de sus muescas. La ondas, como he recordado intensamente desde el jueves pasado, en el que se celebró el día mundial de la radio, me acompañan a todas horas. Y lo hacen en un diálogo constante en el que caben la aprobación, la postura encontrada, el debate y el más simple y puro entretenimiento. Rebusco en mi pasado y me vienen a la memoria mis primeras películas recomendadas por Teófilo el Necrófilo, los magacines culturales, los programas de misterio y charla de la madrugada, los acertijos de las emisiones que bordeaban el amanecer...  Y más tarde, la generosa invitación de mis amigos de SER Henares a participar, de una manera u...